Patología de cadera
Un contacto anormal entre el fémur y el acetábulo que, con el tiempo, puede dañar el labrum y el cartílago. Es una causa frecuente —y muchas veces no diagnosticada— de dolor de cadera en adultos jóvenes y deportistas.
La cadera es una articulación esférica: la cabeza del fémur gira dentro del acetábulo, la cavidad de la pelvis. En el pinzamiento femoroacetabular (o FAI, por su sigla en inglés) existe una alteración de forma en uno o ambos huesos que hace que, al mover la cadera, ambos contacten de manera anormal.
Ese roce repetido puede lesionar el labrum —el anillo de fibrocartílago que sella y estabiliza la articulación— y, con los años, desgastar el cartílago. Detectarlo y tratarlo a tiempo es parte de lo que permite preservar la articulación antes de que el daño sea irreversible.
El síntoma más característico es dolor en la ingle, a veces descrito llevando la mano en forma de "C" sobre el pliegue de la cadera —lo que se conoce como el signo de la C—. El dolor suele ser profundo y difícil de localizar con un dedo, y muchos pacientes lo describen más como una molestia interna que como un punto preciso.
Suele aparecer o intensificarse al:
Además del dolor, algunos pacientes notan chasquidos, resaltos o una sensación de bloqueo al mover la cadera, y una pérdida progresiva de rango de movimiento —especialmente para flectar y rotar hacia adentro—. En deportistas, muchas veces la primera señal no es el dolor en reposo, sino la caída del rendimiento: no lograr el mismo gesto, evitar ciertos movimientos o necesitar más tiempo de recuperación entre entrenamientos.
El dolor puede irradiarse hacia la cara lateral del muslo o hacia el glúteo, lo que a veces lleva a confundirlo con un problema lumbar. Por eso una evaluación dirigida de cadera es importante: no todo dolor referido a la zona proviene de la columna.
No todo dolor de cadera es pinzamiento, y no toda deformidad cam o pincer en una imagen produce síntomas. Por eso el diagnóstico no se hace solo con una radiografía: se hace integrando la historia, el examen físico y las imágenes.
La evaluación combina un examen físico dirigido —con maniobras específicas que reproducen el pinzamiento— con imágenes que permiten medir la deformidad y evaluar el estado del labrum y el cartílago:
No todo pinzamiento requiere cirugía. El primer paso suele ser el manejo no quirúrgico:
Cuando los síntomas persisten pese a un tratamiento bien llevado, y las imágenes lo respaldan, la artroscopía de cadera permite corregir la deformidad ósea, reparar el labrum cuando es posible y tratar las lesiones asociadas, a través de incisiones pequeñas. La indicación precisa —a quién operar, cuándo y qué esperar— es la parte más importante de la decisión.
La artroscopía por pinzamiento es una cirugía ambulatoria o de estadía corta: la mayoría de los pacientes vuelve a casa el mismo día o al día siguiente. La recuperación es progresiva y está guiada por kinesiología desde las primeras semanas, con un plan que avanza por etapas más que por fechas fijas.
En términos generales, el proceso pasa por tres fases: una primera de protección, con apoyo asistido mediante bastones y rango de movimiento controlado; una segunda de recuperación de la movilidad y la fuerza; y una tercera de retorno progresivo a la actividad deportiva. La kinesiología no es un complemento de la cirugía: es parte del tratamiento, y su cumplimiento influye directamente en el resultado.
Los plazos varían según lo que se haya tratado —no es lo mismo corregir una deformidad ósea que reparar además un labrum extenso— y según el nivel de exigencia al que el paciente quiere volver. Volver a caminar sin dolor ocurre relativamente temprano; recuperar el gesto deportivo completo toma bastante más. Esos tiempos se conversan y se definen caso a caso en la consulta, porque prometer un plazo general sería impreciso.
Lo que sí puede anticiparse es el objetivo: aliviar el dolor, recuperar el rango de movimiento y permitir volver a la actividad —incluida la deportiva, cuando la lesión y la articulación lo permiten— habiendo corregido la causa mecánica que originó el problema.
El pinzamiento tratado a tiempo, en una articulación que aún conserva buen cartílago, tiene mejores resultados que cuando ya existe artrosis establecida. Esa es la lógica de la preservación de cadera: intervenir en la ventana en que todavía se puede conservar la articulación nativa, en vez de esperar a que la única opción sea una prótesis.
Preguntas frecuentes
No. El primer tratamiento es no quirúrgico: modificación de actividades, kinesiología dirigida y manejo del dolor. La cirugía se plantea cuando los síntomas persisten pese a un tratamiento bien llevado y las imágenes respaldan que corregir la deformidad va a cambiar la evolución de esa cadera.
El roce anormal repetido daña primero el labrum y, con los años, desgasta el cartílago. El pinzamiento es una de las causas reconocidas de artrosis precoz de cadera. Tratarlo mientras el cartílago está sano es lo que permite preservar la articulación.
La recuperación es progresiva y avanza por etapas —protección inicial con apoyo asistido, recuperación de movilidad y fuerza, y retorno gradual al deporte— guiada por kinesiología. Los plazos dependen de lo que se haya tratado y del nivel de exigencia del paciente, y se definen caso a caso.
Sí. El retorno deportivo es uno de los objetivos del tratamiento y es posible en la mayoría de los casos. El plazo depende de la lesión tratada, de la disciplina y del nivel de exigencia.
Una evaluación especializada permite definir si tu dolor corresponde a un pinzamiento femoroacetabular y qué tratamiento es el más adecuado en tu caso.
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