Tratamiento
Cuando el daño de la articulación es avanzado y el dolor limita la vida diaria, la prótesis total de cadera reemplaza la articulación dañada por una artificial. Es una de las cirugías más resolutivas de la ortopedia moderna.
La prótesis de cadera está indicada cuando la articulación ha perdido su cartílago —habitualmente por artrosis avanzada— y el dolor limita de forma significativa caminar, dormir o realizar las actividades cotidianas, pese a haber intentado un tratamiento no quirúrgico bien llevado.
No es la primera respuesta a cualquier dolor de cadera. Es la mejor opción cuando la articulación ya no puede preservarse y el impacto en la calidad de vida lo justifica. Antes de indicarla, la primera pregunta sigue siendo si esa cadera todavía se puede preservar.
La cirugía reemplaza la cabeza femoral y la superficie del acetábulo por componentes protésicos que reconstruyen la articulación. El objetivo no es solo eliminar el dolor: es restaurar la biomecánica de la cadera —su longitud, su offset y su centro de rotación—, porque de eso depende cómo camina el paciente después, si queda con diferencia de largo de piernas, y cuánto va a durar la prótesis.
Una prótesis mal posicionada puede doler, cojear, luxarse o desgastarse antes de tiempo. Una bien reconstruida se olvida. La diferencia entre ambas no está en el implante, sino en la precisión con que se reproduce la anatomía de ese paciente.
La asistencia robótica resuelve dos problemas distintos: planificar con exactitud y ejecutar lo planificado.
Primero, la planificación. A partir de imágenes del paciente se construye un modelo tridimensional de su cadera real —no de una cadera promedio—. Sobre ese modelo se define, antes de entrar a pabellón, el tamaño y la posición exacta de cada componente: la orientación del acetábulo, la longitud de la extremidad, el offset que hay que restituir. Es un plan hecho a la medida de esa anatomía.
Después, la ejecución. Durante la cirugía, el sistema robótico controla que lo que se está haciendo corresponda a lo planificado, con precisión de pocos milímetros y pocos grados. El cirujano opera; el robot verifica en tiempo real que el corte, la posición y la orientación coincidan con el plan y no se desvíen de él.
Y hay un tercer paso que a mi juicio es el que cierra el círculo: verificar el resultado. Una medición intraoperatoria solo vale si se confirma después. En un trabajo de nuestro equipo comparamos las mediciones intraoperatorias del robot con las radiografías postoperatorias de pacientes operados con esta tecnología, precisamente para responder esa pregunta — y confirmar que lo que el robot mide durante la cirugía es lo que efectivamente queda.
Existen distintas vías para acceder a la cadera —posterior, anterior, lateral—, y es un tema sobre el que circula mucha información contradictoria. La evidencia disponible muestra que, en manos experimentadas, los resultados a mediano y largo plazo son comparables entre abordajes: lo que más pesa no es la vía, sino la precisión de la reconstrucción y la experiencia del equipo.
Sobre este punto nuestro equipo publicó una serie de cien casos consecutivos de artroplastía por fractura intracapsular realizada por abordaje posterior, evaluando específicamente la complicación que más se le atribuye a esta vía: la luxación protésica. La incidencia observada fue baja y consistente con las mejores series internacionales.
Como toda cirugía mayor, la artroplastía de cadera tiene riesgos —infección, trombosis, fractura periprotésica, luxación, entre otros—. Son poco frecuentes, pero existen, y forman parte de la conversación honesta que corresponde tener antes de operar.
Trabajamos con un protocolo de recuperación acelerada. El paciente se pone de pie y camina el mismo día de la cirugía, y se va de alta caminando.
La kinesiología es precoz y no es un complemento posterior: es parte integral del proceso desde el primer día. La recuperación es progresiva y el retorno a las actividades cotidianas es rápido en la mayoría de los casos, con plazos que se ajustan a cada paciente y a su nivel de actividad previo.
La indicación de una prótesis se toma junto al paciente, sopesando el grado de daño, el impacto real en su vida y sus expectativas. El objetivo es intervenir en el momento adecuado: ni antes de que sea necesario, ni tan tarde que la función ya esté demasiado deteriorada.
Preguntas frecuentes
Cuando la articulación ha perdido su cartílago —habitualmente por artrosis avanzada— y el dolor limita de forma significativa caminar, dormir o las actividades cotidianas, pese a un tratamiento no quirúrgico bien llevado. No es la primera respuesta a cualquier dolor de cadera.
Las prótesis modernas, bien indicadas y bien posicionadas, tienen excelente supervivencia a largo plazo. La duración depende del par de fricción utilizado, de la precisión del posicionamiento y del uso, no de una fecha de vencimiento fija.
Es una tecnología que permite planificar y ejecutar la prótesis con mayor exactitud. A partir de imágenes del paciente se construye un modelo tridimensional de su cadera real y se define antes de la cirugía la posición exacta de cada componente. Durante la operación, el sistema robótico verifica en tiempo real que la ejecución corresponda a ese plan, con precisión de pocos milímetros y pocos grados. El robot no opera solo: es una herramienta que ejecuta lo que el cirujano decidió.
Con un protocolo de recuperación acelerada, el paciente se pone de pie y camina el mismo día de la cirugía, y se va de alta caminando. La kinesiología es precoz y forma parte integral del proceso desde el primer día.
Restituir la longitud de la extremidad es uno de los objetivos centrales de la planificación y uno de los parámetros que el sistema robótico controla durante la cirugía y que se verifica después.
Una evaluación especializada confirma si la prótesis es el paso adecuado en tu caso y resuelve tus dudas sobre la cirugía y la recuperación.
Agendar evaluación