Tratamiento
La artroscopía es una cirugía mínimamente invasiva que permite tratar problemas dentro de la articulación de la cadera a través de incisiones pequeñas. Bien indicada, es una de las principales herramientas de la preservación de cadera.
A través de dos o tres incisiones de pocos milímetros se introduce una cámara y un instrumental fino que permiten ver y tratar el interior de la articulación sin abrirla. La cadera es una articulación profunda y muy contenida, lo que hace de la artroscopía de cadera un procedimiento técnicamente exigente, distinto y considerablemente más complejo que la artroscopía de rodilla u hombro.
La ventaja de operar por dentro no es solo estética: al no desinsertar musculatura ni abrir la articulación de forma amplia, se preserva mejor el tejido sano y la recuperación es más directa. Pero esa misma vía impone exigencias: el margen de error es menor y la técnica pesa más.
Para llegar al interior de la cadera hay que abrir la cápsula articular. Durante años ese paso se consideró un trámite: se abría por donde fuera más cómodo y se cerraba —o no— al terminar. Hoy sabemos que la cápsula es un estabilizador activo de la cadera, y que cómo se abre y cómo se cierra influye directamente en el resultado.
En mi práctica utilizo una capsulotomía longitudinal realizada de afuera hacia adentro (outside-in), técnica que publiqué en Arthroscopy Techniques. El abordaje longitudinal sigue la orientación de las fibras capsulares en lugar de cortarlas transversalmente, y permite un cierre anatómico que restituye la cápsula a su condición original.
Esto es especialmente relevante en caderas que dependen de la cápsula para mantenerse estables —como las displasias borderline o las caderas con inestabilidad—. En esos casos, un manejo capsular deficiente puede dejar la cadera peor de lo que estaba. No es un detalle técnico: es parte del resultado.
Las lesiones del cartílago acompañan con frecuencia al pinzamiento y a las lesiones del labrum, y son una de las razones por las que el momento de operar importa tanto: el cartílago sano no se regenera espontáneamente.
La artroscopía permite tratar lesiones condrales seleccionadas mediante técnicas de reparación y estimulación biológica. Entre ellas se utilizan microfracturas, membranas o scaffolds que sirven de soporte para la formación de tejido de reparación, y el aporte de elementos biológicos que favorecen ese proceso. La elección depende del tamaño, la ubicación y la profundidad de la lesión, y de las características del paciente.
Son procedimientos que amplían lo que la artroscopía puede ofrecer, pero conviene ser claro en sus alcances: el tejido de reparación no es idéntico al cartílago original, y estas técnicas funcionan en lesiones acotadas —no en una articulación con desgaste extenso. Su valor está en tratar el daño localizado antes de que se transforme en artrosis.
La artroscopía tiene mejores resultados en pacientes con una lesión estructural clara, síntomas que no ceden con tratamiento conservador bien realizado y una articulación que aún conserva buen cartílago.
Ese último punto es determinante. Cuando ya existe artrosis avanzada, la artroscopía no solo deja de ser la mejor opción: sus resultados son malos, y una proporción importante de esos pacientes termina requiriendo una prótesis poco tiempo después. Operar artroscópicamente una cadera artrósica es someter al paciente a una cirugía que no va a resolver su dolor y que retrasa el tratamiento que sí lo haría.
Es tan importante entender los límites de la técnica como sus posibilidades:
Es una cirugía habitualmente ambulatoria o de estadía corta. La recuperación es progresiva, guiada por kinesiología, y sus plazos dependen de lo que se haya realizado y del nivel de actividad al que el paciente quiere volver. Esos tiempos se definen caso a caso en la consulta.
La artroscopía no es un fin en sí mismo, sino parte de una estrategia de preservación de cadera. La decisión de operar —y de cómo hacerlo— surge de entender bien el problema de cada paciente y sus objetivos, no de aplicar una técnica por defecto.
Preguntas frecuentes
Es una cirugía mínimamente invasiva que permite ver y tratar el interior de la articulación a través de dos o tres incisiones de pocos milímetros, sin abrirla. Permite corregir el pinzamiento femoroacetabular, tratar el labrum y las lesiones del cartílago, y manejar la cápsula articular.
No. Cuando ya existe artrosis avanzada, los resultados de la artroscopía son malos y una proporción importante de esos pacientes termina requiriendo una prótesis poco tiempo después. La artroscopía tiene sus mejores resultados en articulaciones que aún conservan buen cartílago.
Habitualmente sí: es una cirugía ambulatoria o de estadía corta. La recuperación es progresiva y guiada por kinesiología, con plazos que dependen de lo que se haya realizado.
Para acceder al interior de la cadera hay que abrir la cápsula articular. La cápsula es un estabilizador activo de la articulación, de modo que cómo se abre y cómo se cierra influye directamente en el resultado. En caderas que dependen de ella para su estabilidad, un manejo capsular deficiente puede dejar la cadera peor que antes.
Una evaluación especializada permite confirmar si la artroscopía es la mejor opción en tu caso y qué puedes esperar de ella.
Agendar evaluación