Patología de cadera
Daño del anillo fibrocartilaginoso con función de sello de la articulación de la cadera. Cuando el labrum se lesiona, puede causar dolor, chasquidos y sensación de inestabilidad — y muchas veces es la señal de un problema mecánico de fondo, como el pinzamiento.
El labrum cumple funciones que van más allá de lo estructural: sella la articulación creando una succión que estabiliza la cadera, distribuye la presión y protege el cartílago. Por eso una lesión labral no es solo un problema local, sino algo que puede alterar la mecánica de toda la articulación.
Los síntomas se parecen mucho a los del pinzamiento femoroacetabular, lo que no es casualidad: en el adulto joven suelen ser el mismo problema. El dolor típico es inguinal, profundo y difícil de localizar con un dedo, y aparece o se intensifica al estar mucho rato sentado, al manejar, al girar la cadera o en gestos deportivos que exigen flexión y rotación.
Los chasquidos y la sensación de enganche son más característicos de la lesión labral que del pinzamiento aislado, porque reflejan que el labrum dañado se interpone en el movimiento de la articulación.
El diagnóstico combina el examen físico dirigido con imágenes que permiten ver el labrum y, al mismo tiempo, entender la forma del hueso —porque define si existe una causa mecánica que deba corregirse junto con la lesión:
El labrum tiene una irrigación sanguínea limitada. Su zona periférica —la más cercana al hueso— recibe aporte vascular, mientras que la zona interna, la que mira hacia el centro de la articulación, es prácticamente avascular.
Esa característica tiene dos consecuencias clínicas directas. La primera: una lesión labral sintomática rara vez cicatriza por sí sola, y por eso el dolor tiende a persistir cuando el tratamiento conservador no resulta. La segunda, menos evidente pero igual de importante: la irrigación determina qué se puede hacer con el labrum dañado. Donde hay vascularización, una reparación tiene buenas posibilidades de cicatrizar; donde no la hay, reparar no basta.
Una lesión del labrum vista en una resonancia no obliga a operar. Muchas se manejan de forma conservadora:
Cuando los síntomas persisten pese a un tratamiento bien llevado y las imágenes lo respaldan, se plantea la cirugía artroscópica. Y ahí la pregunta no es solo si operar, sino qué hacer con el labrum.
Son tres alternativas distintas, y la elección depende del estado del tejido, de la extensión del daño y de la calidad del labrum remanente.
La lógica que ordena esta decisión es la preservación: conservar el labrum propio siempre que sea posible, porque ninguna alternativa reproduce por completo el tejido original. Reparar cuando se puede; resecar lo justo cuando no queda otra; reconstruir cuando la función de sello se ha perdido y vale la pena recuperarla.
En todos los casos, si existe un pinzamiento que originó la lesión, corregirlo es parte del mismo procedimiento. Tratar el labrum sin corregir la causa mecánica que lo dañó es una de las razones frecuentes de que los síntomas vuelvan.
La cirugía es artroscópica: se realiza a través de incisiones pequeñas, habitualmente de forma ambulatoria o con estadía corta. La recuperación es progresiva y guiada por kinesiología, y avanza por etapas —protección inicial con apoyo asistido, recuperación de movilidad y fuerza, y retorno gradual a la actividad deportiva.
Los plazos dependen de lo que se haya realizado: una reparación, una resección y una reconstrucción tienen tiempos y precauciones distintos, y el retorno al deporte varía además según la disciplina y el nivel de exigencia. Esos tiempos se definen caso a caso en la consulta.
Preguntas frecuentes
Difícilmente. El labrum tiene una irrigación sanguínea limitada: su zona periférica recibe aporte vascular, pero la interna es prácticamente avascular. Por eso una lesión labral sintomática rara vez cicatriza espontáneamente, y el dolor tiende a persistir cuando el tratamiento conservador no resulta.
No. Una lesión del labrum vista en una resonancia no obliga a operar. Muchas se manejan con kinesiología, modificación de actividades e infiltraciones. La cirugía se plantea cuando los síntomas persisten pese a un tratamiento bien realizado.
Reparar es volver a fijar el labrum al borde del acetábulo con anclajes, y es la opción preferida cuando el tejido conserva buena calidad. Resecar es retirar la porción dañada e irrecuperable, sacrificando parte del sello articular. Reconstruir es reemplazar con un injerto el labrum ausente o irrecuperable. La elección depende del estado del tejido y de su irrigación.
Porque la mayoría de las lesiones labrales no son un accidente aislado: se producen por un roce o sobrecarga repetida, habitualmente un pinzamiento femoroacetabular. Tratar el labrum sin corregir la causa que lo dañó es una de las razones frecuentes de que los síntomas vuelvan.
Una evaluación especializada define si tu lesión requiere cirugía o puede manejarse de forma conservadora, y si existe una causa de fondo que corregir.
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