Enfoque de tratamiento
Preservar la cadera significa tratar el problema conservando la articulación propia, en lugar de reemplazarla. Es el foco principal de mi práctica, y la pregunta que ordena cada evaluación: ¿esta cadera todavía se puede salvar?
Durante mucho tiempo, frente a un dolor de cadera importante la principal alternativa quirúrgica era la prótesis. La cirugía de preservación cambió ese enfoque: en lugar de reemplazar la articulación dañada, busca corregir la causa que la está dañando —una deformidad, una lesión del labrum, una inestabilidad, una displasia— para conservar la cadera propia el mayor tiempo posible.
Ninguna prótesis, por buena que sea, iguala una articulación nativa sana. Por eso, cuando existe la posibilidad real de conservarla, esa posibilidad merece agotarse primero.
Es la pregunta que trae a la mayoría de los pacientes a la consulta, y la respuesta no depende de la edad, sino de tres cosas:
La edad importa, pero menos de lo que se cree. Hay pacientes jóvenes cuya articulación ya está demasiado dañada para preservarla, y pacientes de más edad con buen cartílago y una causa corregible, en quienes preservar es perfectamente razonable. Lo que manda es el estado de la articulación, no la fecha de nacimiento.
La preservación no es una técnica única, sino una estrategia que agrupa distintos problemas y distintas soluciones:
Contacto anormal entre el fémur y el acetábulo que daña el labrum y el cartílago. Es la causa más frecuente de dolor de cadera preservable en el adulto.
Leer másDaño del anillo que sella la articulación. Según el estado del tejido, se repara, se reseca o se reconstruye.
Leer másCobertura insuficiente del acetábulo. Según su severidad, requiere osteotomía o —en el rango borderline— artroscopía con manejo capsular preciso.
Leer másLa principal herramienta quirúrgica de la preservación: corrige la deformidad ósea, trata el labrum y el cartílago, y maneja la cápsula articular.
Leer másUna parte importante del trabajo consiste en identificar a los pacientes que no necesitan cirugía. Muchos cuadros mejoran con un manejo no quirúrgico bien dirigido:
La indicación quirúrgica no es un punto de partida, sino una conclusión: se llega a ella cuando el problema es estructural, los síntomas persisten pese a un tratamiento bien llevado, y las imágenes respaldan que operar va a cambiar la historia de esa cadera.
La preservación depende de una ventana biológica que no se reabre: el cartílago sano no se regenera una vez perdido. Un pinzamiento o una lesión del labrum tratados a tiempo, en una articulación que aún conserva buen cartílago, tienen mejores resultados que los mismos problemas intervenidos cuando la artrosis ya está instalada.
Por eso el diagnóstico oportuno no es un trámite previo al tratamiento: es parte del tratamiento. Un dolor de cadera que lleva años sin explicación en una persona activa merece un estudio dirigido, no una espera indefinida.
Preservar o reemplazar no es una elección de equipamiento ni de preferencia quirúrgica. Es una decisión clínica que exige entender la articulación de cada paciente, el estado real de su cartílago, la causa que la está dañando y lo que esa persona necesita hacer con su cadera en los próximos años.
Ese es el trabajo: definir con precisión qué tiene cada cadera al frente, y elegir el camino que mejor protege su función a largo plazo — preservarla cuando se puede, reemplazarla con precisión cuando se debe.
Preguntas frecuentes
Es tratar el problema conservando la articulación propia en lugar de reemplazarla. Busca corregir la causa que está dañando la cadera —un pinzamiento, una lesión del labrum, una inestabilidad, una displasia— para conservar la articulación nativa el mayor tiempo posible.
La edad no es el criterio determinante: lo es el estado del cartílago. Hay pacientes jóvenes cuya articulación ya está demasiado dañada para preservarla, y pacientes de más edad con buen cartílago y una causa corregible en quienes preservar es perfectamente razonable.
Depende de tres factores: el estado del cartílago, que es el determinante; que exista una causa identificable y corregible; y los objetivos funcionales del paciente. Definirlo requiere una evaluación clínica dirigida e imágenes interpretadas en conjunto.
No necesariamente. Muchas veces preservar significa operar la causa, a tiempo, para que la articulación siga siendo la propia. Y otras veces significa no operar en absoluto, porque el problema no lo requiere. La indicación quirúrgica no es un punto de partida, sino una conclusión.
Una evaluación especializada define si tu articulación está en la ventana en que aún es posible conservarla.
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